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Cuando frenar se vuelve una decisión profesional

Cómo una mala experiencia, me enseñó a vincularme y sostener una práctica profesional en el tiempo.

Trabajar con respeto: cuando frenar se vuelve una decisión profesional

Trabajo como diseñadora hace más de 13 años. Me formé y trabajé en editoriales, agencias de marketing y publicidad hasta que, en un momento, me animé a lanzarme sola y empecé a trabajar desde casa.

Durante mucho tiempo, “trabajar desde casa” no significó tener un espacio propio ni horarios claros. Significó trabajar desde donde estuviera el cuerpo: vacaciones, casa de mi novio, escapadas de fin de semana con amigos, vacaciones familiares, cafés, otros países. Siempre había un lugarcito para la notebook, un mail por responder, algo para diagramar, una publicación que subir. No desaparecer del radar se volvió una regla silenciosa.

Durante años sentí que tenía energía para todo eso. Recién más adelante entendí que esa hiperactividad constante me llevó a un colapso laboral del que todavía hoy sigo recuperándome.

Llegué a un punto en el que hablaba con clientes a las once de la noche, lloraba tirada en el baño porque las cosas no salían, alcancé el punto donde leer un mensaje de una clienta me generó pánico. Y ahí, colgué mi bandera y me tomé forzadamente un respiro. 

Y Mientras escribo la palabra “respiro”, el autocorrector escribe “respeto”. Y me gusta.

Me tomé un respeto a mí misma.

Trabajar con respeto es entender que frenar también puede ser una decisión profesional. Recuperarme llevó más de un año. Y aunque fue un proceso largo, dejó aprendizajes que hoy atraviesan por completo mi forma de trabajar.

APRENDIZAJE 1
Ofrecer solo lo que realmente puedo dar. Dejar en claro condiciones desde el inicio, no responsabilizarme por tareas que no me corresponden y registrar todo lo que se acuerda. Cuidar mi trabajo también es parte del trabajo.

APRENDIZAJE 2
Aprender a escuchar mi intuición. Elegir proyectos que vibren bien. Dejar de aceptar trabajos que generan incomodidad, presión o vínculos tóxicos, incluso cuando el dinero por ese proyecto sea muy tentador. Fue importante en este recorrido, reconocer mis límites y saber que elijo el tiempo de paz por sobre otras cosas que pueda ganar.

APRENDIZAJE 3
Respetar los tiempos de descanso, alimentación y recreación. Dejar de intentar ser una máquina disponible para otros y empezar a contemplar esos tiempos dentro de la forma en que presupuesto y organizo mi trabajo.

APRENDIZAJE 4
Priorizar lo humano: el trato, el diálogo, las formas y la comunicación pasaron a ser más importantes que el desafío, el reconocimiento o el pago de un proyecto.

Podría seguir enumerando aprendizajes, pero estos fueron los más determinantes. Porque a partir de ponerles palabras, cambiaron mis servicios, mis procesos, mis tiempos y mi forma de comunicar.

Estos cambios también trajeron consecuencias. El volumen de trabajo bajó. Las consultas no fueron tantas y la cuenta bancaria dejó de verse tan abultada. Aun así, seguí trabajando con marcas que me interesaban, formando equipo con personas con las que había diálogo y respeto, y sosteniendo una práctica que me permite disfrutar lo que hago.

Este proceso de frenar, revisar y volver a elegir no apareció de un día para el otro. Se fue construyendo con el tiempo, con errores y aprendizajes que hoy sostienen mi forma de trabajar. Si te interesa conocer más sobre ese recorrido y desde dónde diseño hoy, podés visitar mi página de quién soy.

Mis primeros años como freelance fueron multitasking, agenda llena y sensación constante de ser necesaria. Tener personas esperando un lugar en la agenda me deslumbraba, lo tomaba como un diferencial de mi profesión: «las marcas, las personas, esperan para trabajar conmigo». No voy a negar que a veces lo extraño.

Pero hoy la agenda es más liviana. Elijo con quién trabajo, cuido mis horarios, respeto mis pausas, mis tiempos de descanso y mi energía. Ahora que estoy más grande, y una taza de café no logra dejarme funcional por 9 horas de corrido, agradezco cada aprendizaje porque me hace ser una mejor profesional.

Porque trabajar con respeto (el mío conmigo misma, y el mutuo) no solo cuida la salud: también nos hace mejores profesionales. Si algo de esto te resuena, podés informarte sobre lo que es el burnout en este artículo que encontré y me parece amigable de leer.